Salmo 78 - Aprende de los errores que ves en otros


Salmo 78, Masquil de Asaf.

Este salmo comienza guiando a las personas a que no vuelvan a cometer los mismos errores que cometieron sus antepasados.

Qué necesario es recordar las experiencias pasadas de personas que cometieron errores y hoy, nosotros, no actuar como necios equivocándonos en en las mismas cosas que ellos. Necesitamos reaccionar porque lamentablemente muchas veces no aprendemos de los errores pasados, sino que los volvemos a cometer. ¡Muy triste! 

"Escucha, pueblo mío, mi ley; Inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca. Abriré mi boca en proverbios; Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, las cuales hemos oído y entendido; Que nuestros padres nos las contaron. No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová y su potencia, y las maravillas que hizo. Él estableció testimonio en Jacob, Y puso ley en Israel, La cual mandó a nuestros padres que la notificasen a sus hijos" (Salmo 78:1-5).

El salmista tiene una carga muy fuerte: no quiere que esta generación vuelva a repetir lo mismo que la generación anterior. Estaba deseoso de que pudieran entenderlo; que vieran los malos ejemplos y que realmente tomasen decisiones diferentes.

¡Cuánto podemos hoy aprender al leer estos versículos! ¡Cuán necesario es ver los errores pasados y cambiar! Es súper dañino tomar actitudes cómodas al leer esto y amoldarse a las generaciones anteriores y seguir cometiendo la misma rebeldía y terquedad que ellos.

Necesitamos meditar en esto. 

"Para que lo sepa la generación venidera, y los hijos que nacerán; y los que se levantarán lo cuenten a sus hijos, a fin de que pongan en Dios su confianza, y no se olviden de las obras de Dios; Que guarden sus mandamientos y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde; Generación que no dispuso su corazón ni fue fiel para con Dios su espíritu. Los hijos de Efraín, arqueros armados, volvieron las espaldas en el día de la batalla. No guardaron el pacto de Dios ni quisieron andar en su ley; Sino que se olvidaron de sus obras, y de sus maravillas que les había mostrado" (vers. 6-11).

Desde el versículo 12 comenzamos a ver las obras de Dios en ellos y los pecados que ellos iban cometiendo. Vemos un grupo de personas elegidas por Dios y a Dios mostrándole la grandeza de su poder; ellos viendo con sus ojos el contraste abismal con “los otros dioses”; Dios, siendo un Dios cercano, mostrando continuamente su amor y cuidado hacia ellos... y este pueblo cometiendo un pecado detrás de otro, quejándose por todo. ¡Qué realidad tan triste! Y nosotros hoy podemos repetir lo mismo. Debemos aprender de los malos ejemplos. 

"Delante de sus padres hizo maravillas en la tierra de Egipto, en el campo de Zoán. Dividió el mar y los hizo pasar; Detuvo las aguas como en un montón. Les guió de día con nube y toda la noche con resplandor de fuego. Hendió las peñas en el desierto y les dio a beber como de grandes abismos, pues sacó de la peña corrientes, e hizo descender aguas como ríos.

Pero aún volvieron a pecar contra él, rebelándose contra el Altísimo en el desierto; Pues tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto. Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿Podrá poner mesa en el desierto? He aquí ha herido la peña, y brotaron aguas, y torrentes inundaron la tierra; ¿Podrá dar también pan? ¿Dispondrá carne para su pueblo? Por tanto, oyó Jehová, y se indignó; Se encendió el fuego contra Jacob, y el furor subió también contra Israel, por cuanto no habían creído a Dios ni habían confiado en su salvación.

Sin embargo, mandó a las nubes de arriba, y abrió las puertas de los cielos, e hizo llover sobre ellos maná para que comiesen, y les dio trigo de los cielos. Pan de nobles comió el hombre; les envió comida hasta saciarles. Movió el solano en el cielo, ytrajo con su poder el viento sur, e hizo llover sobre ellos carne como polvo, como arena del mar, aves que vuelan. Las hizo caer en medio del campamento, alrededor de sus tiendas. Comieron, y se saciaron; les cumplió, pues, su deseo. No habían quitado de sí su anhelo, aún estaba la comida en su boca, cuando vino sobre ellos el furor de Dios, e hizo morir a los más robustos de ellos y derribó a los escogidos de Israel.

Con todo esto, pecaron aún, y no dieron crédito a sus maravillas" (vers. 12-32).

 ¡Triste! Este fue el pecado de Israel. Luchemos por que no se repita en esta generación. Lamentablemente ellos solo obedecían cuando sentían la mano dura de Dios, cuando sentían que no iban a poder solos. Olvidaban los milagros y las bendiciones de Dios. ¡En qué ceguera y oscuridad puede caer el ser humano! Llegar a olvidarse por completo de aquel Dios que lo va bendiciendo en su caminar diario. 

"Por tanto, consumió sus días en vanidad, y sus años en tribulación. Si los hacía morir, entonces buscaban a Dios; Entonces se volvían solícitos en busca suya y se acordaban de que Dios era su refugio y el Dios Altísimo su redentor" (vers. 33-35).

 Imagínate esta escena; no puede ser más fuerte: 

 Personas orando fríamente, de la boca para afuera;

 Siendo infieles;

 Literalmente mentirosos;

 Con corazones contaminados;

 Sin cumplir sus palabras.

 Una escena horrible pero real, y motivo por el cual debemos luchar por no repetir jamás.

"Pero le lisonjeaban con su boca y con su lengua le mentían; Pues sus corazones no eran rectos con él, ni estuvieron firmes en su pacto. Pero él, misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruía; y apartó muchas veces su ira y no despertó todo su enojo. Se acordó de que eran carne, soplo que va y no vuelve" (vers. 36-39).

¡Qué triste realidad! Sin duda la naturaleza humana sigue siendo la misma: rebelde, ingrata y desobediente. Pero, hermanos, ¡Dios es el factor de cambio y si acudimos a él podemos cambiar!

Vemos en los siguientes versículos cómo llegaron a entristecer y provocar a Dios y Dios actuó de la misma manera en la que puede actuar con nosotros. No repitamos la misma historia, no entristezcamos, tentemos y provoquemos a Dios.

¡Abre tus ojos y reacciona!

"¡Cuántas veces se rebelaron contra él en el desierto, lo enojaron en el yermo! Y volvían, y tentaban a Dios, y provocaban al Santo de Israel. No se acordaron de su mano, del día que los redimió de la angustia; Cuando puso en Egipto sus señales y sus maravillas en el campo de Zoán; Y volvió sus ríos en sangre y sus corrientes, para que no bebiesen. Envió entre ellos enjambres de moscas que los devoraban, y ranas que los destruían. Dio también a la oruga sus frutos, y sus labores a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con escarcha; Entregó al pedrisco sus bestias y sus ganados a los rayos. Envió sobre ellos el ardor de su ira; Enojo, indignación y angustia, un ejército de ángeles destructores. Dispuso camino a su furor; no eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad. Hizo morir a todo primogénito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. Hizo salir a su pueblo como ovejas y los llevó por el desierto como un rebaño. Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos. Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, a este monte que ganó su mano derecha. Echó las naciones de delante de ellos; con cuerdas repartió sus tierras en heredad, e hizo habitar en sus moradas a las tribus de Israel.

Pero ellos tentaron y enojaron al Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios; Sino que se volvieron y se rebelaron como sus padres; Se volvieron como arco engañoso. Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla.

Lo oyó Dios y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo, la tienda en que habitó entre los hombres, y entregó a cautiverio su poderío y su gloria en mano del enemigo.

Entregó también su pueblo a la espada y se irritó contra su heredad. El fuego devoró a sus jóvenes y sus vírgenes no fueron loadas en cantos nupciales. Sus sacerdotes cayeron a espada y sus viudas no hicieron lamentación. Entonces despertó el Señor como quien duerme, como un valiente que grita excitado del vino, e hirió a sus enemigos por detrás; Les dio perpetua afrenta. Desechó la tienda de José y no escogió la tribu de Efraín, sino que escogió la tribu de Judá, el monte de Sion, al cual amó.

Edificó su santuario a manera de eminencia, como la tierra que cimentó para siempre. Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos" (vers. 40-72).

Al leer cada uno de los pecados que este pueblo cometió, al meditar en todos estos versículos, ¡tiemblo! ¡Qué cerca estamos de caer en lo mismo cuando vivimos descuidados! Con un pequeño descuido podemos terminar en la oscuridad más incierta.

Corramos a Cristo, saquemos provecho de lo que hizo por nosotros y recuperemos la cordura. No más permitidos, no más descuidos, no más ir contra Dios. Aprendamos de los errores.



Verónica Rodas



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