Salmo 26 - ¡Voy a mostrar tu carácter, Dios!



Una decisión de fidelidad en medio de un mundo oscuro.
¿Has sido criticado? lleva eso a los pies de tu Señor. David en su integridad declara:

Salmo 26:1-3
"Júzgame, oh Jehová, porque yo en mi integridad he andado;
He confiado asimismo en Jehová sin titubear.
Escudríñame, oh Jehová, y pruébame;
Examina mis íntimos pensamientos y mi corazón.
Porque tu misericordia está delante de mis ojos,
Y ando en tu verdad".

Ojo hermana con hacer una oración así a la ligera. Primero examina tu corazón, limpia tu mente y luego declara con toda sinceridad la verdad. David tenía la “integridad” como un estilo de vida. Imagina la conciencia de David en plena tranquilidad de su testimonio. La confianza en Dios hace que tu comunión con él sea firme. No hay ningún pecado que puedas cometer si confías en él. Si Dios es tu sostén y tu provisión, no vas a pecar. Estás fuerte en él.

No seamos influenciados ni cedamos a este mundo. No permitamos relaciones que nos influencian para mal y nos quitan la confianza en Dios. Miremos a David:
"No me he sentado con hombres hipócritas,
Ni entré con los que andan simuladamente.
Aborrecí la reunión de los malignos,
Y con los impíos nunca me senté.
Lavaré en inocencia mis manos,
Y así andaré alrededor de tu altar, oh Jehová,
Para exclamar con voz de acción de gracias,
Y para contar todas tus maravillas" (vers. 4-7).

David ama congregarse. En los versículos anteriores vemos su rechazo a relacionarse y tener amistad con personas que no buscan la voluntad de Dios y ahora , en los siguientes, vemos a David diciendo dónde él encontraba plenitud: “la habitación de tu casa he amado”. Pegado a Dios, en sus moradas, en su habitación, ama estar donde Dios está. Ahí encontraba no solo a Dios, sino que también formaba sus relaciones:
"Jehová, la habitación de tu casa he amado,
Y el lugar de la morada de tu gloria.
No arrebates con los pecadores mi alma,
Ni mi vida con hombres sanguinarios,
En cuyas manos está el mal,
Y su diestra está llena de sobornos" (vers. 8-10).

Y ahora vemos una firme y preciosa decisión de fidelidad a Dios:
"Mas yo andaré en mi integridad;
Redímeme, y ten misericordia de mí.
Mi pie ha estado en rectitud;
En las congregaciones bendeciré a Jehová" (vers. 11,12).

David sin duda es el ejemplo de una vida que se cierra a contaminarse con la maldad, que experimenta la salvación y entonces camina en la luz de Dios y decide ser luz.
¿Estás dispuesta, decidida? no solo debemos reconocer nuestra gran necesidad de esa luz, sino también estar decididas a vivir en ella.

¡Muestra tu carácter en mi vida Dios!


Verónica Rodas


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