Salmo 35 - Desanimado por la injusticia, ¿sin estrategias?



David reconoce que tiene una lucha por delante y que para él, su problema es imposible de solucionar, pero él sabe que no es un hombre común... él es un guerrero. Aunque ve que esta lucha es imposible, pelea limpio, buscando a Dios. Necesita las estrategias de Dios para poder hacer frente a sus enemigos. David confía plenamente y lleva a toda la congregación a glorificar a Dios: “Te confesaré en grande congregación”.
David sabe que Dios va a cumplir sus promesas y nada ni nadie puede cambiar eso. Confía en la victoria que él le dará.

Comienza este Salmo diciendo a Dios: “ponte en contra de los que pelean contra mi” . Dice en el versículo 3, “Di a mi alma: !Yo te daré la victoria!".
Hermana, tú puedes comenzar hoy tu oración igual que la de David.

Salmo 35:1-6
"Disputa, oh Jehová, con los que contra mí contienden;
Pelea contra los que me combaten.
Echa mano al escudo y al pavés,
Y levántate en mi ayuda.
Saca la lanza, cierra contra mis perseguidores;
Di a mi alma: Yo soy tu salvación.
Sean avergonzados y confundidos los que buscan mi vida;
Sean vueltos atrás y avergonzados los que mi mal intentan.
Sean como el tamo delante del viento,
Y el ángel de Jehová los acose.
Sea su camino tenebroso y resbaladizo,
Y el ángel de Jehová los persiga".

David confiesa a Dios: “yo no les hice nada y ellos me tendieron una trampa”... ¿te ha pasado?, ¿sin motivo alguno, ser perseguido?:

"Porque sin causa escondieron para mí su red en un hoyo;
Sin causa cavaron hoyo para mi alma.
Véngale el quebrantamiento sin que lo sepa,
Y la red que él escondió lo prenda;
Con quebrantamiento caiga en ella" (vers. 7,8).

Esto tienes que hacer hoy, declarar la confianza que tienes en Dios, ora y cree en eso. David alaba a Dios íntimamente, lo hace él solo. Es muy importante ese tiempo de comunión personal y luego congregacional, como vamos a ver en el vs. 18:

"Entonces mi alma se alegrará en Jehová;
Se regocijará en su salvación.
Todos mis huesos dirán: Jehová, ¿quién como tú,
Que libras al afligido del más fuerte que él,
Y al pobre y menesteroso del que le despoja?
Se levantan testigos malvados;
De lo que no sé me preguntan;
Me devuelven mal por bien,
Para afligir a mi alma.
Pero yo, cuando ellos enfermaron, me vestí de cilicio;
Afligí con ayuno mi alma,
Y mi oración se volvía a mi seno.
Como por mi compañero, como por mi hermano andaba;
Como el que trae luto por madre, enlutado me humillaba.
Pero ellos se alegraron en mi adversidad, y se juntaron;
Se juntaron contra mí gentes despreciables, y yo no lo entendía;
Me despedazaban sin descanso;
Como lisonjeros, escarnecedores y truhanes,
Crujieron contra mí sus dientes.
Señor, ¿hasta cuándo verás esto?
Rescata mi alma de sus destrucciones, mi vida de los leones" (vers. 9-17).

Vemos en David una firme y clara confesión publica. No puede quedarse callado ante su Salvador. El motivo de la victoria de David era el mismo motivo que el de Dios:
"Te confesaré en grande congregación;
Te alabaré entre numeroso pueblo.
No se alegren de mí los que sin causa son mis enemigos,
Ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo.
Porque no hablan paz;
Y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas" (vers. 18-20).

¿Te han criticado? ¿Han visto cosas donde no las hay? A David también le pasó y puedes, como él, usar los recursos de Dios para enfrentar las críticas:

"Ensancharon contra mí su boca;
Dijeron: !!Ea, ea, nuestros ojos lo han visto!
Tú lo has visto, oh Jehová; no calles;
Señor, no te alejes de mí.
Muévete y despierta para hacerme justicia,
Dios mío y Señor mío, para defender mi causa.
Júzgame conforme a tu justicia, Jehová Dios mío,
Y no se alegren de mí.
No digan en su corazón: !!Ea, alma nuestra!
No digan: !!Le hemos devorado!
Sean avergonzados y confundidos a una los que de mi mal se alegran;
Vístanse de vergüenza y de confusión los que se engrandecen contra mí.
Canten y alégrense los que están a favor de mi justa causa,
Y digan siempre: Sea exaltado Jehová,
Que ama la paz de su siervo.
Y mi lengua hablará de tu justicia
Y de tu alabanza todo el día" (vers. 21-28).

¿Estás sin fuerzas y no tienes estrategias? ¿piensas que todo te sale mal y lo único que tienes es una derrota segura? Dios tiene las estrategias que necesitas para enfrentar cualquier situación. Hoy puedes reconocer cuánto te falta actuar de la manera que lo hace David, confiando en la intervención de Dios en tus problemas. Deja de luchar sola, deja de buscar recursos fuera de Dios y vuelve a ir a la verdadera respuesta y ayuda. Cuenta con Dios.


Verónica Rodas


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