Salmo 69 - ¡Un mar de problemas!



Al músico principal; sobre Lirios. Salmo de David.

Salmo 69:1-3

"Sálvame, oh Dios porque las aguas han entrado hasta el alma. Estoy hundido en cieno profundo, donde no puedo hacer pie; He venido a abismos de aguas, y la corriente me ha anegado. Cansado estoy de llamar; mi garganta se ha enronquecido; Han desfallecido mis ojos esperando a mi Dios".

Miren el primer párrafo de esta oración. David ora con un grito de angustia estando lleno de problemas. Se nota que está perdido y confuso pero a pesar de eso, deja ver su firme determinación de exponer ante Dios todo lo que le está pasando.

En el versículo 3, expresa que está cansado de pedir ayuda, que su garganta se seca por sus gritos de socorro...

¡Qué escena más terrible! Seguramente puedes recordar algún momento parecido o quizás lo estés pasando ahora... y si es así, ¡necesitas seguir clamando!


Ahora, menciona lo que hace la diferencia: “me destruyen sin tener por qué”, David sabe que él ha agradado a Dios delante de sus enemigos, pero eso no quita que delante de Dios no se vea perfecto. En el versículo 6 dice “mis pecados no te son ocultos”.

"Se han aumentado más que los cabellos de mi cabeza los que me aborrecen sin causa; Se han hecho poderosos mis enemigos, los que me destruyen sin tener por qué. ¿Y he de pagar lo que no robé?

Dios, tú conoces mi insensatez y mis pecados no te son ocultos" (vers. 4,5).


La angustia de David también era por aquellos que podían caer por su causa; aquellas personas que estaban escuchando las mentiras de sus enemigos y esto les sería de tropiezo. Le pide desesperadamente a Dios que ninguno de ellos sea confundido.

Es increíble cómo David ama a Dios y a las personas y no quiere que nadie tropiece por su “culpa”.

"No sean avergonzados por causa mía los que en ti confían, oh Señor Jehová de los ejércitos; No sean confundidos por mí los que te buscan, oh Dios de Israel" (vers. 6).


¡Increíble declaración! Lo que David estaba pasando no era debido a sus propios errores, no era por culpa suya sino por amor a Dios. Y él le pedía, clamaba: Señor no permitas semejante dolor, pues yo soporto insultos por amor a ti.

"Porque por amor de ti he sufrido afrenta; Confusión ha cubierto mi rostro. Extraño he sido para mis hermanos y desconocido para los hijos de mi madre. Porque me consumió el celo de tu casa; Y los denuestos de los que te vituperaban cayeron sobre mí.

Lloré afligiendo con ayuno mi alma y esto me ha sido por afrenta. Puse además cilicio por mi vestido y vine a serles por proverbio. Hablaban contra mí los que se sentaban a la puerta y me zaherían en sus canciones los bebedores" (vers. 7-12).


Una vez más reafirma su confianza en Dios a pesar de la angustia. Entrega completamente su futuro y esperanza a a la misericordia y el amor de Dios hacia él.

"Pero yo a ti oraba, oh Jehová, al tiempo de tu buena voluntad; Oh Dios, por la abundancia de tu misericordia, por la verdad de tu salvación, escúchame. Sácame del lodo, y no sea yo sumergido; Sea yo libertado de los que me aborrecen, y de lo profundo de las aguas. No me anegue la corriente de las aguas, ni me trague el abismo, ni el pozo cierre sobre mí su boca.

Respóndeme, Jehová, porque benigna es tu misericordia; Mírame conforme a la multitud de tus piedades. No escondas de tu siervo tu rostro, porque estoy angustiado; apresúrate, óyeme. Acércate a mi alma, redímela; Líbrame a causa de mis enemigos" (vers. 13-18).

Está seguro que la verdad de Dios va a permanecer y él va a cumplir sus promesas. Ahora David tiene un mensaje para sus enemigos:  

"Tú sabes mi afrenta, mi confusión y mi oprobio; Delante de ti están todos mis adversarios. El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; Y consoladores, y ninguno hallé.

Me pusieron además hiel por comida y en mi sed me dieron a beber vinagre. Sea su convite delante de ellos por lazo y lo que es para bien, por tropiezo. Sean oscurecidos sus ojos para que no vean y haz temblar continuamente sus lomos. Derrama sobre ellos tu ira y el furor de tu enojo los alcance. Sea su palacio asolado; En sus tiendas no haya morador. Porque persiguieron al que tú heriste y cuentan del dolor de los que tú llagaste. Pon maldad sobre su maldad y no entren en tu justicia. Sean raídos del libro de los vivientes y no sean escritos entre los justos.

Mas a mí, afligido y miserable, tu salvación, oh Dios, me ponga en alto" (vers. 19-29).

¡Cuán necesario es pedir la intervención de Dios en medio de problemas!


Después de ir a Dios en clamor, con queja, dolor, grito, confusión y de exponer lo que quiere para sus enemigos, David va más allá; hace que Dios sea exaltado en su adoración, ofrece un voto de alabanza e invita a otros a hacer lo mismo:

"Alabaré yo el nombre de Dios con cántico, lo exaltaré con alabanza. Y agradará a Jehová más que sacrificio de buey o becerro que tiene cuernos y pezuñas; Lo verán los oprimidos, y se gozarán.

Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón, porque Jehová oye a los menesterosos y no menosprecia a sus prisioneros.

Alábenle los cielos y la tierra, los mares, y todo lo que se mueve en ellos. Porque Dios salvará a Sion, y reedificará las ciudades de Judá; Y habitarán allí, y la poseerán. La descendencia de sus siervos la heredará y los que aman su nombre habitarán en ella" (vers. 30-36).


Este salmo comienza con un hombre lleno de problemas, clamando en desesperación “sálvame, oh Dios” y termina en otra situación totalmente diferente, diciendo “porque Dios salvará a Sion”.

Es sumamente importante acudir a Dios cuando estamos rodeados de problemas. La oración amplía nuestro círculo y lo extiende hacia Dios.

No te quedes hundido en tus problemas, ve a aquél que puede librarte de ellos. Di como David: "Buscad a Dios, y vivirá vuestro corazón”



Verónica Rodas



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