Salmo 74 - La confianza en Dios surge de la atención a Dios



Masquil de Asaf.

El Salmo comienza enumerando los desastrosos resultados de la destrucción de la Iglesia. El Salmista clama por lo que está pasando, pide que Dios haga algo porque tocaron a la Iglesia. "Se metieron contigo Señor, no permitas más esto". Ruega por que Dios actúe a su favor.


Salmo 74:1-11

"¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre? ¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?

Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos, la que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia; Este monte de Sion, donde has habitado. Dirige tus pasos a los asolamientos eternos, a todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario. Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; Han puesto sus divisas por señales. Se parecen a los que levantan el hacha en medio de tupido bosque. Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras. Han puesto a fuego tu santuario, han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra. Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra. No vemos ya nuestras señales; No hay más profeta ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.

¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre? ¿Por qué retraes tu mano? ¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?".


Este es el momento decisivo de Asaf. Inicia un listado recordando las grandes obras de Dios. Se atreve a levantar su mirada con fe desde la depresión. En la peor situación de la congregación, él lo hace, pone su atención en Dios y su perspectiva cambió.

La confianza en Dios brota de la atención a Dios.  

"Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; El que obra salvación en medio de la tierra. Dividiste el mar con tu poder; Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas. Magullaste las cabezas del leviatán y lo diste por comida a los moradores del desierto. Abriste la fuente y el río; Secaste ríos impetuosos. Tuyo es el día, tuya también es la noche; Tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra; El verano y el invierno tú los formaste" (vers. 12-17).


El Salmista pide a Dios que preste atención a estas personas, hombres que se atreven a insultar a Dios. Asaf ve a sus enemigos como bestias salvajes que quieren atacarnos a nosotros que somos “sus tórtolas” (sus palomas). ¡Cuánto necesitamos mirar a Dios y no centrarnos en lo grande que pueda llegar a ser nuestro enemigo! Necesitamos mirarle a él para poder entender que solo él puede librarnos.

"Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado a Jehová y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre. No entregues a las fieras el alma de tu tórtola y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos" (vers. 18,19).


Para Asaf estaba súper claro: la Iglesia necesitaba cambiar, los líderes necesitaban llevar a las personas hacia Dios. Él sabía que si obedecían a Dios, Él les bendeciría increíblemente; si no lo hacían, sí o sí tendrían consecuencias y justamente eso estaban sufriendo.

"Mira al pacto porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia. No vuelva avergonzado el abatido; El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre" (vers. 20,21).


Las consecuencias por no obedecer a Dios fueron terribles. El panorama que se ve es realmente triste pero Dios no había sido vencido. El enemigo había destrozado la ciudad pero lo más importante era, como es y será, intocable: Dios.

"Levántate, oh Dios, aboga tu causa; Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día. No olvides las voces de tus enemigos; El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente" (vers. 22,23).


Puede que hayas sido arrasada por situaciones múltiples y veas a tu alrededor todo destruido pero hay algo que nadie puede destruir ni tocar y eso es esencial: DIOS.

Vuelve a encaminarte, vuelve a buscarle, vuelve a tener confianza en Dios. No te olvides: eso que necesitas surge de la atención hacia Dios. 



Verónica Rodas



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