Salmo 80 - ¡Oh, si viviéramos siempre a la luz del rostro de Dios!


Salmo 80, Salmo de Asaf.

 Asaf, en medio del clamor que tiene de que Dios vuelva, guía a su pueblo a clamar y pedir tres veces la misma cosa; su petición es la clave: 

Salmo 80:3 “Oh Dios, restáuranos; Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos”.

Sin duda, cuando Dios esconde su rostro de nosotros, hay problemas, y problemas imposibles de resolver. Asaf pide que Dios vuelva a ser lo que era en el principio con ellos: “restáuranos”. Clama por volver a tener la misma bendición y comunión con Dios que habían perdido. En otras palabras, lo que le está diciendo es: “vuélvenos al estado original”. No le está pidiendo que solo los perdone, sino que puedan comenzar a caminar cerca de él como al principio. 

 Ahora, piensa en tu estado “original”, en esos primeros momentos cuando Dios te cautivó y deslumbró; cuando solo bastaba “su mirada” para sentirte completo. ¿Verdad que pensar en eso te hace anhelarlo? Sin duda, es tiempo. Haz lo que hizo Asaf. 

El Salmo comienza recordando quién es Dios: “nuestro pastor”; pero ellos se habían alejado y olvidado de él. Asaf sabe a quién está clamando y lo hace viendo y diciendo que él es poderoso: “entre querubines, resplandece”; lleno de “poder”.

Asaf clama rogando que su relación con ellos vuelva a ser como al principio, necesita verlo a él. Habían llegado a tener una distancia con Dios significativa y no quiere seguir así.

"Oh Pastor de Israel, escucha; tú que pastoreas como a ovejas a José, que estás entre querubines, resplandece. Despierta tu poder delante de Efraín, de Benjamín y de Manasés y ven a salvarnos" (vers. 1,2).

Solo tiene una solución y en su oración clama directamente por eso: “haz que tu rostro brille sobre nosotros. Solo entonces seremos salvos”. Sigue recordando quién es Dios:

"Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos" (vers. 3).

Él sigue recordando quién es Dios: “Dios de los ejércitos”.

"Jehová, Dios de los ejércitos, ¿hasta cuándo mostrarás tu indignación contra la oración de tu pueblo?" (vers. 4).

Salir de su estado original y volverse a la rebeldía, llevó a estas personas a consecuencias terribles y perdieron lo más importante: a Dios.

 "Les diste a comer pan de lágrimas y a beber lágrimas en gran abundancia. Nos pusiste por escarnio a nuestros vecinos y nuestros enemigos se burlan entre sí" (vers. 5,6).

Vemos en este salmo lo que le pasó al pueblo de Israel, y sin duda, necesitamos vernos también nosotros; examinarnos y ver en qué estado estamos y correr a Cristo. La insistencia de Asaf también nos insta e impulsa. Es la segunda vez que pide lo mismo: 

"Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos" (vers. 7).

Pide que Dios vuelva a convertirlos, que entren en razón, que Dios los lleve a él. ¿Cuántas cosas cambiarían si eso pasara?...

¡Necesitamos a Dios!

"Hiciste venir una vid de Egipto; Echaste las naciones, y la plantaste. Limpiaste sitio delante de ella, e hiciste arraigar sus raíces, y llenó la tierra. Los montes fueron cubiertos de su sombra y con sus sarmientos los cedros de Dios. Extendió sus vástagos hasta el mar y hasta el río sus renuevos. ¿Por qué aportillaste sus vallados y la vendimian todos los que pasan por el camino? La destroza el puerco montés y la bestia del campo la devora" (vers. 8-13).

¡Cuánta urgencia!, ¡cuánta necesidad!, ¡cuánto dolor en este clamor! “Oh Dios”, “de los ejércitos”, “vuelve ahora”, “considera"  "y visita tu viña".

Asaf todavía tiene fe, todavía tiene esperanza, todavía cree que Dios puede “considerar” y salvarlos. No hay mayor amor como el de nuestro Padre. 

Está claro lo que Asaf anhela que Dios los perdone por su desobediencia y que los vuelva a su estado original. 

"Oh Dios de los ejércitos, vuelve ahora; Mira desde el cielo, y considera, y visita esta viña, la planta que plantó tu diestra y el renuevo que para ti afirmaste" (vers. 14,15).

La solución está clara: “resplandece tu rostro sobre nosotros y seremos salvos”; y con esa misma mirada, Dios puede mirar a sus enemigos y ser destruidos. 

Conoce quién es Dios y hasta dónde llega su mirada. 

"Quemada a fuego está, asolada; Perezcan por la reprensión de tu rostro. Sea tu mano sobre el varón de tu diestra, sobre el hijo de hombre que para ti afirmaste. Así no nos apartaremos de ti; vida nos darás, e invocaremos tu nombre" (vers. 16-18).

 Todo lo que este pueblo necesita es él; todo lo que necesita es su favor, su misericordia, su espíritu, su sabiduría, sus capacidades... todo lo que necesitan es a él. 

"¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos! Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos" (vers. 19).

¡Oh, si viviéramos siempre a la luz del rostro de Dios! Las cosas serían completamente diferentes, tendríamos todo lo que realmente necesitamos para ser completos. ¡Vuelve a Dios ya!



Verónica Rodas



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